Samaná: bahía codiciada por las potencias internacionales
El puente del malecón de Samaná

El siglo XIX fue el escenario de las grandes conflagraciones, del surgimiento de varios Estados y del afianzamiento de poder de las grandes potencias. Los elementos que definieron ese poder en el referido período, estuvieron representados por la capacidad militar, naval, extensión territorial y la hegemonía política-económica e influencia que ejercía un Estado sobre los demás Estados y naciones.

Las potencias mundiales que tuvieron incidencias en el nacimiento de la República Dominicana como Estado en 1844, y en todo el período que se conoce en la historia dominicana como Primera República, fueron: España, Francia, Inglaterra y los Estados Unidos de América.

Para el poeta nacional Pedro Mir (1974), “la ubicación de la isla de Santo Domingo era un factor muy particular, en razón de que las entradas naturales del mar Caribe y especialmente la prodigiosa bahía de Samaná en la parte española, la cual se convierte en una joya inapreciable para las naciones marineras con intereses en la zona (…)”.  A medida que se fueron conociendo las bondades del Caribe, la bahía de Samaná aumentó su valorización, y llegó a convertirse en un espacio de un particular enfrentamiento geopolítico entre las potencias europeas en general y de estas, con los Estados Unidos.

Al respecto comentó Emilio Cordero Michel (2016) que: “las grandes potencias la querían para poder controlar militar, económica y políticamente, el Caribe y el Golfo de México”.  Además, de que se vendía la leyenda de las minas de carbón que había en Samaná, lo cual despertó un inmenso interés en las potencias que pensaron en tener estaciones carboneras, con el fin de abastecer las flotas navales que podían detenerse allí para continuar hacia otros destinos.  Mito que como explica Cordero Michel, fue desmentido en los estudios del científico y cónsul británico, Robert Schomburgk.  

Lo cierto es que, Samaná fue el factor geopolítico dominante que los gobiernos dominicanos utilizaron en sus negociaciones para la búsqueda de un protectorado y/o anexión. Ninguno de los dos presidentes centrales y conservadores del período comprendido entre 1844-1861, a saber: Pedro Santana y Familias y Buenaventura Báez, escatimó esfuerzos en lograr una negociación en base a la bahía de Samaná.

Ciudad Samaná

Tanto Santana como Báez, aprovecharon las rivalidades e intereses entre las potencias para ofertar las tierras de Samaná ya fuera a Francia, Inglaterra, España o a Estados Unidos e incluso llegaron a proponérselas al reino de Cerdeña.   Como refiere también Mu-Kien Adriana Sang Ben (2000), que por Samaná surgieron y derrocaron gobiernos; se firmaron empréstitos externos que comprometieron la soberanía del país, y casi se logra la anexión y venta de la bahía de Samaná a los Estados Unidos de América en 1871.

Posteriormente en 1889, el gobierno de Ulises Heureaux (Lilís), en su afán por buscar recursos económicos externos, ofreció arrendar la bahía de Samaná a Estados Unidos a cambio de ayuda económica y militar. Sus gestiones encontraron oposición en los gobiernos de Francia, Italia, Inglaterra, Países Bajos, y en Alemania, que amenazó con dejar de comprar el tabaco dominicano si se comprometía la bahía de Samaná.   

En los inicios del siglo XX, la bahía de Samaná dejó de tener ese interés marcado en vista de que ya para la época, otros intereses en África y Asia animaron las potencias europeas. Estados Unidos con su hegemonía en la región, tras su intervención en la guerra de independencia cubana, obtuvo a Puerto Rico como colonia estadounidense, y tras la derrota de España en la guerra hispanoamericana, ocuparon militarmente a Cuba y, en 1903  firmaron el tratado mediante el cual los cubanos conceden a Estados Unidos la bahía de Guantánamo para una base naval, lo que redujo las miradas de este país hacia Samaná.

No obstante, la bahía de Samaná siempre ha sido un atractivo cautivante por sus recursos naturales, los cuales hoy son promovidos por el Gobierno con fines de inversión y turismo.  Finalmente concluimos que, no se pueden entender los procesos históricos de la República Dominicana sin conocer el impacto que tuvo esta importante bahía en la conformación del Estado dominicano y en sus relaciones internacionales.

Por Lucy Arraya

Abogada catedrática internacionalista, investigadora y exdiplomática de carrera.

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