¿Por qué somos tan vulnerables?

La exvicepresidenta dominicana Milagros Ortiz Bosch, en un libro confesó: ‘’De los políticos depende el adelanto y el atraso del pueblo’’, y el actual presidente chino, Xi Jinping, escribió que sus vivencias e investigaciones le han convencido de que para el pueblo librarse de la pobreza material y mental depende de tener funcionarios competentes.

 Mariano Rajoy, expresidente de España, aconseja que los cargos públicos deben ser ocupados por políticos con capacidad y buena calidad humana, que de ellos depende la buena marcha de las comunidades y el país. Así, el colombiano expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, con 20 de experiencia de trabajar y relacionarse con gobernantes, monarca, empresarios, ricos y funcionarios del mundo, nos revela en su reciente libro, que para tener países prósperos, justos y felices se necesita tener en cargos políticos a personas que estén menos centrados en sí mismos y más centrados en el pueblo y los votantes deben comenzar a elegir políticos que dejen de actuar de manera exagerada y fingida para llamar la atención y le inyecten capitalismo y democracia a la sociedad.

Con el paso del huracán Fiona hemos visto pérdidas humanas evitables, viviendas arrasadas por ser chozas o construidas en lugares improvisados, miseria añeja e injustificada. Instalación de almacenes con materiales y alimentos posterior al paso del fenómeno, en vez hacerlo antes. Inexistencia en los hogares pobres de despensa con lo básico para alimentarse dos o tres días. Gritos de los afectos por la ausencia de las autoridades locales y el miedo a que el Gobierno deje las ayudas en manos de estos funcionarios. Desconfianza del pueblo en los políticos. Populismo. Actitudes más de benefactores que de responsabilidad. Falta de delegar. Manipulación de informaciones.

La perversidad del dinero en los ricos, que, para alojar en el Palacio Presidencial a los políticos, tener poder y arrogarse los negocios del Estado, aportan miles de millones, pero reaccionan con tacañería o indiferencia frente a la desnudez, el hambre, la intemperie y el reclamo del pueblo que es el capital humano, la fuerza laboral de la que se sirven. Denuncias por la intención almacenar las ayudas y el dinero para usarlo en la campaña política, en vez de auxiliar a los pobres afectados.

De la poderosa naturaleza y sus fenómenos no podemos librarnos. Sin embargo, podemos pronosticarlos, prever, construir ambientes seguros y reducir los daños, gestiones que son competencia de los políticos. Nuestra vulnerabilidad ante el huracán depende de la acción o inacción de los funcionarios. El fenómeno natural solo hizo evidente como una piedra preciosa resplandece en medio de las tinieblas de la ignorancia, que a pesar de que nuestros gobernantes presumen de que tenemos el mayor crecimiento económico en la región, somos vulnerables en demasía.

El huracán Fiona nos afectó con fuertes vientos y aguas bravas. Pero la mala política, la incapacidad y baja calidad de los funcionarios nos causa desigualdad, atraso, pobreza económica y mental y pérdida de democracia.

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